La educación para Sócrates

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   En otra ocasión anterior consideramos el concepto de educación para el romano Séneca, que era fundamentalmente la “vida honesta”. En esta ocasión podemos considerar el concepto de “vida buena” del filósofo griego Sócrates sobre la que profundizó cuatro siglos ante que Séneca.
   En primer lugar hay que distinguir “vida buena”, la que busca la perfección, la verdad y el bien de la “buena vida”, considerada como búsqueda de la comodidad, el placer y las riquezas.

   El profesor Polo señala que “Sócrates se decidió por la vida buena a costa de sacrificar la buena vida. A ella sacrificó el buen pasar, hasta el extremo de morir defendiendo la verdad, sin componendas. La decisión socrática por la vida buena es biográfica, se encarnó en su propia existencia (…). El atractivo de su figura es enorme, precisamente porque es un hombre auténtico, que cumple hasta el final el compromiso existencial con la verdad”.

   De Sócrates aprendemos especialmente la coherencia: enseñaba lo que vivía y prefirió la muerte a renunciar sus convicciones. La vida buena se fundamenta en la virtud y en la ley. Para los griegos la vida feliz se alcanza en la polis, desarrollando la virtud individual y social. Pero en la ciudad, además de hablar y convivir, se busca y se realiza lo que es justo.

   Para Aristóteles “la seguridad hay que ponerla en el nomos, en la concordia de hombres libres que buscan la vida buena; de ninguna manera consiste en la riqueza”.

   El hombre siempre ha tenido la tentación de la idolatría: hacerse un dios de los bienes materiales, de disfrutar con una vida llena de comodidades. Pero la acumulación sucesiva de bienes materiales no apaga la sed de ellos, sino que la aumenta. Cuantas más cosas tienen, más cosas se necesitan, más desean tener. En los tiempos actuales la publicidad se apoya en la concupiscencia (apetito desordenado de los placeres sensibles) para fomentar el ambiente consumista.

   La vida buena y la verdadera cultura buscan el cultivo de la inteligencia (aprender a pensar), de la voluntad (aprender a querer el bien) y de la afectividad (aprender a querer a los demás, desarrollando buenos sentimientos hacia los otros).

   Por el contrario, la buena vida y la subcultura es dejarse llevar por los instintos, deseos, apetencias y emociones de cada momento. Es una predisposición a la vida animal.
   Arturo Ramo

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Una respuesta a La educación para Sócrates

  1. [...] La educación para Sócrates  Hay que distinguir entre la “vida buena”, la que busca la perfección, la verdad y el bien, de la “buena vida”, considerada como una búsqueda de la comodidad, el placer y las riquezas. [...]

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