
Ashiya. Han crecido en una de las sociedades más ricas del mundo. Desde la más tierna infancia sus padres les han proporcionado todo lo que han querido y más. Pero no tienen amigos y muchos son hijos únicos. No hablan con nadie, ni siquiera con sus padres. No se interesan por nada. El mundo exterior no cuenta para ellos. Están encerrados en su cuarto. Se trata de un fenómeno que afecta a un creciente número de jóvenes japoneses desde los 13 a los 30 años.
Antonio Mélich
Escrito por aramo 


